sábado 6 de septiembre de 2008

El Inframundo

Estoy caminando. Lo hago lentamente sobre un lugar y sobre una superficie, el lugar es el fondo de este Abismo que con cada caída se hace más y más oscuro, frío y solitario y al que no se llega ni descendiendo perpetuamente. La dirección la desconozco; las dudas son semillas que plagan el desierto y hacen brotar una raíz en un momento aleatorio de mis pensamientos, con florecimiento marchito, cultivando flores negras que no dan respuestas, mismas que aquí no vagan, porque nunca han pisado este universo.

Mis pies se arrastran raspando este áspero suelo, mis manos sin carne cuelgan a los lados al igual que cada dedo; el camino al frente es tan oscuro y no hace falta más que mi corazonada para saber que esta oscuridad que diviso es la que está inmediata a mí, no hay horizonte, o al menos no parece haberlo, y esta bruma está rodeándome por todos lados, bruma negra que me impide ver la nada que se extiende un paso más lejos de lo que permite concebir mi imaginación.

Volteo a la izquierda y hay vacío y lamentos; volteo a la derecha y la esperanza de encontrar algo es desgarrada y disuelta, perdiéndose como el polvo lanzado al vacío.

Camino suavemente oyendo mis pies haciendo fricción en el suelo rugoso, pero firme y llano. Me sigo cuestionando quién o qué seré, ¿un fantasma de mí mismo, hecho de éter y con propiedades volátiles?, ¿un círculo que ve hacia todas las direcciones?, ¿un punto de energía que vaga errante?, ¿un recuerdo? No concibo respuestas, no puedo tocarme o verme, ni siquiera sentirme.

¿Cuánto tiempo ha pasado ya?, ¿tiene fin la cuenta de mis pasos?, ¿podrá darme el poseedor de mi voluntad la gracia de elevar mis manos a lo alto para sentirme algo? ¿Soy un supreso caminante del vacío condenado a la divagancia?, ¿mis dudas y mis lamentos serán eternos?

Pretendiendo alzar la mirada cuando era retenido por mis dudas, terminé bajando los ojos condenando mi anhelo al exilio de mi energía, y todo lo que salga de mí ha de hacerse polvos para esparcirse en esta dimensión hasta desintegrarse y perderse, teniendo el mismo destino que su ex-poseedor.

Soy un esclavo, un no-muerto. Este es el Inframundo, el Corazón de este reinado de oscuridad. El aire que se respira es el de la muerte, el horizonte es la ansiedad y desesperanza. El arriba es infinito e inalcanzable desde acá.

Pasos lentos, pies encadenados, hebras colgantes como brazos y dedos, dudas floreciendo como rosas negras que marchitan sin su luz, mirada aislada, oscuridad vuelta brumas espesas y un vacío cada vez más creciente que no parece tener fin fueron mis acompañantes durante siglos de condena sin encontrar una señal de rumbo o de destino.

La soledad persiguiéndome como un descomunal titán que flagela mi caminar, me da su abrazo de muerte, tan vacío y acuchillante cada vez que puede.

Una mirada vacía y triste, una boca muda e incapaz de ser libre, una expresión carente de ella misma son mi lamento al cuestionarme:

¿Quién es aquel Amo de las Tinieblas, hurtador de mi voluntad, que se deleita hasta la saciedad de verme agonizante perpetuo en este suplicio?